Rafael siempre fue un muchacho muy alegre, dicharachero y burlón como todos los niños su vida escolar se desarrolló sin mayores diferencias a los otros chicos del vecindario, sin embargo; tenía un problema que lo perseguía y que lo atormentaba en su soledad, nunca hablaba de ello, buscaba en lo posible mantenerse ocupado para escapar de su tortura, era una enfermedad que había sufrido de infante la Poliomielitis, este mal causó una limitación en su capacidad motora para desplazarse normalmente como también causó profundas laceraciones en su ser, era el centro de sus frustraciones, durante su infancia utilizó aparatos como andaderas, muletas y por último un bastón del cual también se deshizo gracias a su voluntad y determinación de superar esta realidad irreversible. Su hobby más prominente era el canto, vivía entonando canciones con una extraordinaria fuerza que se dejaba escuchar su voz a gran distancia, con el paso de los años todos lo conocimos como una persona colaboradora, cariñoso y muy bromista, era dueño de un excelente sentido del humor pero su tolerancia era limitada, los muchachos de la época lo llamaban Rafael el manco cosa que le incomodaba pero terminaba aceptándolo o solo Rafa, indudablemente este problema de su incapacidad física lo hacía cada vez un hombre más rebelde con profundo resentimiento y agudizó la aparición de otros males en el andar de sus días, el alcohol y luego las drogas. Nunca se dejó ver consumiendo drogas pero algunas veces su actitud era un tanto extraña, esto indicaba o hacía presumir que se encontraba bajo los efectos de alguna sustancia alucinógena mostrando en algun momento desconocimiento entre las personas y hasta tornándose algo molesto de carácter pero no arremetía contra la gente con violencia sin una razón. Otras veces era extrañada su presencia por las calles del barrio ya que se mudaba periódicamente por aquello del alquiler y tal vez como buscando un segundo aliento en otros ambientes para seguir adelante; eso sólo era un pretexto, en realidad era que prefería cambiar de lugares para evitar problemas ya que sabía que en algun momento era posible perder el control sobre si mismo por los efectos del alcohol o las drogas y cometer faltas en el sector donde era muy apreciado y que él mismo sentía especial cariño y apego pues allí nació, allí vivió su infancia... allí creció. El alma de un gran atleta la llevaba sin duda incansablemente consigo, comenzó a asistir al Instituto de Deporte donde encontró por fin esa válvula de escape que además lo ayudó mucho a superar sus angustias; no perdía oportunidad para participar en competencias y maratones con su silla de ruedas especialmente adaptada para tales competiciones, siempre llegaba contando sus experiencias muy animado y con mucha pasión al final de cada una de esas agotadoras jornadas deportivas. Esta actividad le mantenía alejado de su adicción, de hecho parecía haber encontrado el camino a su rehabilitación definitiva, en ocasiones comentaba de lo dañino y peligroso que era el vicio de consumir esas cosas y los más importante es que hablaba con propiedad.
Durante sus años veinte hasta los treinta y cinco años aproximadamente solia cantar en cualquier lugar con un grupo de parroquianos con una guitarra entonando viejas canciones de los años 60`s que eran las favoritas de su repertorio, sus ídolos Hector Lavoe, Nino Bravo, los Bee Gees y Los Angeles Negros entre otros eran el centro de su inspiración, entre un trago y un cigarrillo transcurrían las horas de una madrugada melodía tras melodía cada fin de semana. Tambien incursionó no con mucho éxito en agrupaciones culturales donde cautivaba con facilidad la mirada de las féminas y la admiración de los presentes por su agradable voz y natural sencillez, sus estudios de bachillerato fueron algo entrecortados un año en un lado otro en parasistema, luego abandonó. Había alcanzado una pronta madurez en cuanto a la importancia de la responsabilidad y la estabilidad laboral; desde muy jóven se había propuesto conseguir un empleo para su propia manutención ya que no le gustaba depender de nadie, así lo manifestaba con orgullo, Rafael se mantuvo trabajando por muchos años en un centro asistencial capitalino donde gozaba del aprecio de sus compañeros gracias a las características de su personalidad. Durante los últimos años de su vida mantuvo más bien un bajo perfil ante la gente y porqué no decirlo, ante la vida misma, con la llegada de la calvicie prefirió raparce el craneo totalmente, pasaba largas horas pensando en la soledad de una esquina tantas cosas; como las oportunidades que nunca tuvo, el porqué de su enfermedad por la que no dejaba de acusar y reprochar a su madre que había sido a causa de no haberle dedicado los cuidados necesarios y que al mismo tiempo su amor de hijo le mantenía en una lucha constante con su propia conciencia para tratar de mitigar el rencor que lo carcomía intensamente desde el fondo, a veces parecía intentar comprender sin poder lograrlo, su apariencia física comenzaba a deteriorarse cada vez más. Su mamá fue internada en un hospital por una enfermedad que venía perpetuándose en ella desde hacía algún tiempo producto de malos hábitos y del abandono propio. Por su parte él vivía durante horas aislado en sus recuerdos, la soledad lo abrumaba sin poder o al mismo tiempo sin querer hacer nada para safarce de ella, cientos de interrogantes pasaban por su mente sin encontrar las respuestas. En el año 2004, una noche al salir del trabajo se dirijió con un compañero a tomar unos tragos a un bar cercano al centro hospitalario donde laboraban, eran días de cobro y fin de semana para descansar, dicen testigos; que se retiraron del lugar a eso de las once de la noche la última vez que fueron vistos con vida, ambos aparecieron ajusticiados a orillas de la autopista del Este, los casquillos de las balas recuperados en el sitio indicaron que podían ser pistolas de las que usan los cuerpos de seguridad del estado, como siempre estas muertes quedaron impunes. Contaba entonces con cuarenta y dos años. Las relaciones entre Rafael y su mamá nunca fueron buenas, quizás nunca la pudo perdonar... Mireya, que así se llamaba su mamá, falleció el año siguiente pues se encontraba muy enferma y nunca se pudo recuperar de esta tragedia.